Puede que no sea ni Dalí, ni Neruda,
que no quepa en mí ni en mi alma desnuda.
Que no soy un genio, que de eso no hay duda;
y entre tanta obsesión puede que me ataque duramente,
y fue la duda tan ruda que llegó al fondo de la duda, del asunto de este pozo insolente,
hasta el fondo de mi mente.
Como una moneda al aire, como contar hasta veinte.
Me hace ser un pobre hombre astuto,
y mi precariedad emocional quizá solo sea un paso más para ver que no soy nadie,
que tiré de tanteos y acabé como reo de Morfeo, preso de sus ensoñaciones,
del dolor de sus sueños
preso de mis somnolencias,
de los carros de fuego y de las presas.
Y hundiéndome hasta el cuello, encerrado en mis cabales
y nadando en los canales de mi triste Venecia,
pereciendo entre sus noches invernales,
perdido entre mis pasadizos infernales.
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