Admiro al púgil que firme desafía el desdén poblado de
recovecos y de espinas,
al cobarde fugitivo enamorado que huye despavorido sin alas
por un recóndito precipicio.
Admiro al que camina o bien cabalga,
alabo las luchas sin propaganda.
Desapruebo los gritos, las sacudidas vacías sin beneficio;
he de afirmar que a veces me uno a luchas internas que
merecen un decidido rechazo.
Pero somos así tan complejos, tan enrevesados…
incompletos seres irrealizados que tienden a la
autoconfesión, a la burla y al descaro;
tan unidos, tan iguales y a la vez tan solitarios.
No somos aves, somos imperfectos, no volamos.
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