miércoles, 17 de julio de 2013

Siempre buscando la guerra

Enreda los hilos en busca de guerra,
maneja el teatro como si todos fuesen tan solo marionetas,
tiene su función y se cree la estrella.
Desatasca el tapón de su cabeza,
tira por el suelo los maniquíes, los decapita y se embelesa,
tiene su crimen el pro de su justicia presa.
Desafina al disparar en grito de contienda,
sus armas los instrumentos que clavan notas enhiestas,
no se distrae si abre la boca es para cantar de mortales fieras.

Dulces mentiras que cubren el cielo y que se palpan en tierra,
vuelos rasos que arrasan los cultivos de quienes serviles se alimentan.
No soy yo, eres tú el traidor, el que dice lo que a ratos piensa;
al que calla culpa por cerrarse las puertas,
al que traiciona se le pone en un altar
que las velas le quemen y las rosas sean muertas.
La mentira dulce se empapa,
el hombre miente porque la gente cree,
la fe es interesada y no ciega,
su Dios es su engaño, sus ovejas son rastreras.

Si todos acabamos en un hoyo,
para qué tanto engalanarse,
para qué tanto echarse culpas,
las cosas no son para nada.
El mundo es inhumano,
las miras cortas,
y la vida… la vida es
a medias.

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