Enreda
los hilos en busca de guerra,
maneja
el teatro como si todos fuesen tan solo marionetas,
tiene
su función y se cree la estrella.
Desatasca
el tapón de su cabeza,
tira
por el suelo los maniquíes, los decapita y se embelesa,
tiene
su crimen el pro de su justicia presa.
Desafina
al disparar en grito de contienda,
sus
armas los instrumentos que clavan notas enhiestas,
no se
distrae si abre la boca es para cantar de mortales fieras.
Dulces
mentiras que cubren el cielo y que se palpan en tierra,
vuelos
rasos que arrasan los cultivos de quienes serviles se alimentan.
No soy
yo, eres tú el traidor, el que dice lo que a ratos piensa;
al que
calla culpa por cerrarse las puertas,
al que
traiciona se le pone en un altar
que las
velas le quemen y las rosas sean muertas.
La
mentira dulce se empapa,
el
hombre miente porque la gente cree,
la fe
es interesada y no ciega,
su Dios
es su engaño, sus ovejas son rastreras.
Si
todos acabamos en un hoyo,
para
qué tanto engalanarse,
para
qué tanto echarse culpas,
las
cosas no son para nada.
El
mundo es inhumano,
las
miras cortas,
y la
vida… la vida es
a medias.
a medias.
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